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Atari, 50 años de un mito

 Atari, 50 años de un mito

Para prácticamente cualquier persona nacida entre los sesenta y los ochenta, Atari es una de esas palabras, uno de esos nombres, capaces de llevarnos a una nube de recuerdos, de tiempos en los que éramos unos críos o adolescentes fascinados por un universo, el de la electrónica, que empezaba a ganar posiciones en nuestras vidas, y que venía a redefinir por completo lo que entendíamos como jugar. Una revolución en la que Atari, histórica marca que hoy cumple 50 años, tuvo mucho que ver.

Fundada el 27 de junio de 1972 en Sunnyvale, California por Nolan Bushnell y Ted Dabney, Atari jugó un rol clave tanto en el sector de las máquinas arcade como en el movimiento de llevar esa misma oferta lúdica a lo hogares con las videoconsolas. De sus primeros años, más allá de los movimientos corporativos (como la venta al grupo Warner en 1976), hay dos nombres que brillan con luz propia. El primero es Pong, y el segundo Atari 2600.

Pong veía la luz medio año después de la creación de Atari, el 29 de noviembre de 1972 y, para muchos, es la primera recreativa electrónica de la historia, y el primer videojuego, aunque posteriormente la compañía tuvo que enfrentarse a un juicio, que perdió, contra los creadores de Magnavox Odyssey, la primera consola de la historia. Inspirado en el tenis de mesa, Pong mostraba dos líneas en los laterales de la pantalla y un recuadro que hacía las veces de pelota. Cada línea se controlaba con un potenciómetro y el objetivo era devolver siempre todos los lanzamientos a tu rival.

Al igual que Magnavox, Atari también creó una versión doméstica de Pong, que alcanzó gran popularidad, y que para muchas personas fue la primera videoconsola que entró en su casa. Con el tiempo, otros muchos fabricantes de todo el mundo se «inspiraron» en las creaciones de Atari y Magnavox, llevando clones del Pong a prácticamente todos los rincones de la Tierra, algunos mejor acabados que otros. El primero que probé yo, a principios de los ochenta, tenía un problema de diseño y, cada cierto tiempo, el mando daba calambre…

Atari: 50 años de un mito

Pong de Atari, lanzada a través de la cadena SEARS en 1975. Imagen: Evan-Amos

El segundo nombre, como he mencionado antes, fue la Atari 2600. No fue la primera consola de videojuegos para casa, pero sí con diferencia la más exitosa del momento, 1977. A diferencia de Pong y de otras propuestas similares, en la que el o los juegos se almacenaban en una memoria interna del dispositivo, la 2600 empleaba cartuchos intercambiables, un formato que popularizó y que, durante décadas, ha estado muy presente en este mercado.

Gracias al éxito de la Atari 2600, la marca logró algo codiciado por muchos pero conseguido por muy pocos, que su nombre se convirtiera en sinónimo de su categoría de producto. Hasta el lanzamiento de la NES, pero sobre todo de su llegada a los mercados europeo y estadounidense, que no se produjo hasta mitades de los ochenta, era común emplear la palabra Atari para referirse a videoconsolas y, en menor medida, también a videojuegos.

Los setenta y los ochenta fueron muy buenos tiempos para Atari, que pudo sostener su liderazgo durante muchos años, pero como todo mercado creciente, empezó a poblarse con nuevos competidores y la situación empezó a complicarse para la compañía. Son precisamente los tiempos en los que Bernie Stolar, de quien publicamos ayer un obituario, se unía a la compañía para intentar mantenerla en la cresta de la ola. Sin embargo, el pinchazo con la Atari Jaguar, una consola adelantada a su tiempo, marcó el principio del fin de la compañía, incapaz de soportar el envite de las marcas llegadas del otro lado del Pacífico.

1996, con una competencia ya inalcanzable, tras los fiascos económicos de Lynx y Jaguar, y con parte de sus propietarios abandonando el negocio, Atari se fusionó con otra compañía, JTS Inc., pero su actividad quedó prácticamente suspendida, y nunca más volvió a participar en el mercado del hardware.

Atari: 50 años de un mito

Atari 2600, la consola que lo cambió todo. Imagen: joho345

Atari y el siglo XXI

Con el cambio de milenio, no obstante, y después de que la marca pasara por varios propietarios, fue adquirida por Infogrames, que decidió sacar partido a su nombre, primero para firmar algunos de sus lanzamientos, y posteriormente adoptándolo como nuevo nombre de la compañía. La Atari de hoy en día es, por lo tanto, lo que en su momento fue Infogrames Entertainment SA (IESA). En Estados Unidos sus juegos son editados con su propio sello, mientras que en Europa se encarga Namco Bandai Games, accionista con algo más de un tercio de la propiedad de Atari.

No acabarían ahí las complicaciones. A principios de 2013, el 21 de enero, todas filiales de Atari Inc. se declararon en bancarrota, para sorpresa de nadie, pues tanto antes como después de que Infogrames adquiriera la marca, sus resultados económicos eran negativos. Con esta operación la empresa matriz buscaba capitalizarse para poder acometer el desarrollo de nuevos juegos o, de no ser posible, al menos ser lo suficientemente atractiva para algún potencial comprador.

Una vez saneadas sus cuentas, la empresa se centró en nuevas áreas de negocio, como los juegos para móviles y la modalidad free to play, así como a una nueva unidad de negocio dedicada a las criptomonedas y, en un anuncio producido en 2021, a la apertura de hoteles (en colaboración con ICICB Group) temáticos basados en la marca. Las primeras aperturas, según dicho anuncio, se producirán en Dubai, Gibraltar y España. Además, el año pasado también anunciaron sus planes de volver al mercado del hardware, lo que sería un retorno histórico.

No habrían imaginado Bushnell y Dabney, hoy justo hace 50 años, la enorme cantidad de vueltas que daría la compañía que acaban de crear, y que inicialmente ni siquiera se iba a llamar Atari. Medio siglo después de aquel día, y aún con las dificultades y los cambios que ha experimentado la marca, Atari sigue siendo y será sinónimo de videojuegos, al igual que para otras muchas personas de mi generación. No parece sencillo que cumpla otros cincuenta, pero, ¿quién sabe?

 

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