Microsoft anuncia en su página web que deja de vender licencias de Windows 10 a partir del 31 de enero. El objetivo es que los usuarios nuevos ya empiecen directamente con Windows 11.

Desde hace décadas Microsoft lucha contra un fenómeno que no tiene la competencia: la resistencia de los usuarios a cambiar a una nueva versión de Windows.

La inmensa mayoría de los usuarios de Android, iOS, Mac o Linux están deseando dar el salto a la nueva versión, cuando se ofrece para descargar. En cambio, con Windows, ocurre todo lo contrario.

Las razones son variadas. Los nuevos Windows siempre suelen empeorar el rendimiento, al menos los primeros meses. Por otro lado, Microsoft acostumbra a cambiar la interfaz o a introducir cambios pensando en sus propios intereses, en lugar de en los de los usuarios, que casi siempre son opuestos.