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17 de mayo, Día del Internet: La oportunidad para hablar de la seguridad digital en la infraestructura crítica en Chile

Partió como una loca idea de la Asociación de Usuarios de Internet a mediados de la década del 2000, quienes cada 25 de noviembre conmemoraban el día de la web, que por esos años de masificaba a paso firme, significando importantes avances en conectividad y servicios útiles para las personas.

No obstante, ya en 2005, la Organización de Naciones Unidas decidió destinar una fecha en específico eligiendo el 17 de mayo, para conmemorar este fenómeno que ponía énfasis en la tecnología de hiper conectividad que rápidamente se expandía por el mundo, dando lugar a lo que hoy conocemos como la Sociedad de la Información.

Actualmente, es una realidad que habita prácticamente en todo el mundo, sin discriminación entre países, clases sociales o económicas, significando un importante avance en el desarrollo productivo, comunicacional, y de servicios básicos para la ciudadanía, empresas y Estados.

Los riesgos de una sociedad hiperconectada

La masificación del internet, no obstante, ha traído consigo una dependencia riesgosa, a juicio de expertos, que ha cambiado por completo el comportamiento de los seres humanos.

“Todos nosotros este año hemos aprendido lo que es un blackout”, explicó el senador y experto en temas digitales Kenneth Pugh, en el marco del Foro Ciberseguridad en Infraestructura Crítica: Desafíos y Oportunidades, realizado para sector Gobierno central, Obras Públicas y Empresas públicas/privadas que cuenten con Infraestructura crítica, llevado a cabo el pasado 14 de mayo en la Universidad Autónoma.

 “Lo vivimos aquí en Chile (ocurrido el 25 de febrero pasado) y 4 horas después se acabaron las comunicaciones, se acabaron las transacciones, volvimos a la edad de piedra. Pero no pasó solo en Chile, pasó en España, en Portugal y en el sur de Francia”, agrega.

En efecto, prácticamente todo gira en torno a la conectividad y el internet. Lo anterior, trae consigo, también, ciertas vulnerabilidades de la que hay que hacerse cargo. Los riesgos y amenazas de las que no siempre se tiene conciencia, puntualmente en el sector productivo y de infraestructura crítica, esencial para el funcionamiento de un país.

“No es difícil prever que el panorama de la ciberseguridad para los próximos años estará marcado por una creciente volatilidad, complejidad e incertidumbre. Entre 2025 y 2028, las organizaciones se van a enfrentar a retos derivados del avance de innovaciones como la inteligencia artificial, nuevas normativas internacionales y un entorno digital hiper interconectado”, detalla Pedro Gallardo, director en Ciberseguridad de Minsait Chile, perteneciente al Grupo Indra.

Infraestructura crítica en el ojo

Hace un tiempo se discutió la necesidad de una legislación específica que hiciera mención en la protección física de sectores considerados estratégicos para el funcionamiento del Estado, como hospitales, instituciones públicas, de transportes, etc. Algo similar se discute en materia de seguridad digital con esos lugares.

“Chile tiene una nueva Agencia Nacional de Seguridad, pero estamos trabajando para crear un Centro de Protección de Infraestructura Crítica (…) Dependemos de la infraestructura crítica todos los días, por eso queremos tener buena regulación, pero también buena institucionalidad que se haga cargo de todos los incidentes que ocurran diariamente”, sostiene el senador Pugh.
Junto con la necesidad de una normativa robusta, la autoprotección de las industrias denominadas clave en el sector productivo es vital, frente a una constante amenaza a la seguridad digital de sus instalaciones y procedimientos.

«La ciberseguridad comienza por identificar los riesgos; para, después, gestionar esos riesgos, definir una estrategia de detección de posibles ataques, disponer de un equipo para reaccionar y, en caso necesario, de las capacidades para recuperarse del ataque”, cuenta Pedro Gallardo, de Minsait Chile.

“Creemos firmemente que, hoy en día, la ciberseguridad no puede ser únicamente una cuestión tecnológica y solo de algunos profesionales; debe formar parte de los planes estratégicos de las organizaciones e involucrar a la alta dirección. Solo así podrá ser un habilitador de confianza y de resiliencia, así como un garante de la continuidad de la actividad de las empresas y los servicios al ciudadano”, sentencia.

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