Columna

La seguridad en transformación: cómo la tecnología está cambiando la forma de proteger a las organizaciones

Por Jorge Martínez, Manager Regional Sales Manager, Chile

La transformación digital está cambiando la forma en que las organizaciones operan, toman decisiones y enfrentan nuevos desafíos. En este escenario, la seguridad también está evolucionando: ya no se trata únicamente de incorporar nuevas tecnologías, sino de encontrar maneras más eficientes de aprovecharlas para proteger a las personas, los activos y las operaciones.

En los últimos años, empresas, instituciones y organizaciones de distintos sectores han incorporado herramientas para responder a sus necesidades de seguridad. Cámaras, sistemas de control de acceso y plataformas de gestión forman parte de una infraestructura tecnológica cada vez más amplia. Sin embargo, a medida que estas soluciones se multiplican, surge una pregunta clave: ¿cómo lograr que todas funcionen de manera coordinada?

Esta inquietud se refleja en los resultados del informe Estado de la Seguridad Física 2026 de Genetec, elaborado a partir de las opiniones de más de 7.300 profesionales de seguridad de todo el mundo. Según el estudio, más del 70% de los encuestados utiliza sistemas unificados o integrados. Además, entre quienes buscan reemplazar tecnologías existentes, un 60% señala como principal motivación la posibilidad de integrar nuevas capacidades, mientras que un 51% busca acceder a nuevas funcionalidades.

Las cifras dan cuenta de una tendencia que va más allá de la incorporación de herramientas: las organizaciones buscan aprovechar mejor la tecnología con la que ya cuentan y adaptarse a nuevas necesidades sin sumar complejidad innecesaria.

Una tecnología que trabaja en conjunto

Contar con más tecnología no siempre significa operar de manera más eficiente. Cuando las herramientas funcionan de forma aislada, los equipos pueden necesitar consultar distintas plataformas para obtener información, identificar situaciones relevantes o responder ante un incidente.

La integración permite abordar este desafío al conectar sistemas y facilitar una visión más completa de lo que ocurre. Cuando distintas fuentes de información trabajan de manera coordinada, resulta más sencillo relacionar eventos, acceder a antecedentes relevantes y gestionar las operaciones desde un mismo entorno.

Este enfoque también puede contribuir a simplificar las tareas cotidianas de los equipos, mejorar la disponibilidad de información y facilitar la administración de los recursos. En definitiva, el valor de la tecnología no depende solo de sus capacidades individuales, sino también de cómo estas se complementan para responder a necesidades concretas.

Modernizar sin partir de cero

Otro de los desafíos que enfrentan las organizaciones es cómo actualizar su infraestructura tecnológica sin tener que reemplazar todos sus componentes al mismo tiempo.

Los sistemas tienen distintos ciclos de vida y no siempre necesitan renovarse de manera simultánea. Por eso, avanzar en la modernización requiere encontrar un equilibrio entre incorporar nuevas capacidades, aprovechar las inversiones existentes y mantener una infraestructura preparada para el futuro.

En este contexto, las arquitecturas abiertas ofrecen una alternativa para integrar tecnologías de distintos fabricantes y avanzar de manera progresiva. Así, las organizaciones pueden mantener aquellos componentes que siguen respondiendo a sus necesidades e incorporar nuevas soluciones cuando sea necesario.

Esta flexibilidad cobra especial importancia en un entorno en el que las necesidades operativas cambian constantemente. Más que adoptar cada nueva tecnología disponible, el desafío consiste en construir una base que permita evolucionar sin tener que comenzar desde cero en cada etapa.

Flexibilidad para responder a nuevos desafíos

La transformación tecnológica también está modificando la forma en que las organizaciones administran sus sistemas. Entre las tendencias que ganan relevancia se encuentran los modelos híbridos, que combinan infraestructura local con servicios en la nube según las necesidades de cada operación.

De acuerdo con el informe Estado de la Seguridad Física 2026 de Genetec, un 39% de los encuestados identifica la escalabilidad como una de las principales razones para avanzar hacia entornos híbridos, mientras que un 38% destaca la redundancia.

Estos modelos permiten evaluar distintas alternativas para responder a las necesidades de cada organización, considerando factores como la continuidad operativa, el crecimiento de la infraestructura y los requerimientos de gestión de la información.

En Chile, esta capacidad de adaptación también adquiere relevancia frente a la evolución de las exigencias regulatorias, especialmente en materia de protección de datos. Las decisiones tecnológicas actuales deben considerar no solo las necesidades inmediatas, sino también la capacidad de responder a nuevos requerimientos a lo largo del tiempo.

Prepararse para lo que viene

La inteligencia artificial, los servicios en la nube y la creciente disponibilidad de información seguirán influyendo en la manera en que las organizaciones gestionan la seguridad. Sin embargo, incorporar estas capacidades de forma efectiva requiere algo más que innovación: también exige una estrategia que considere la integración, la flexibilidad y la evolución de los sistemas.

La seguridad está dejando de entenderse únicamente como un conjunto de herramientas para convertirse en una parte cada vez más conectada con la operación y la gestión de las organizaciones. Esta evolución abre oportunidades para simplificar procesos, aprovechar mejor los recursos y responder de manera más coordinada ante distintos escenarios.

En este contexto, el desafío no consiste en incorporar tecnología por el solo hecho de innovar, sino en construir soluciones que puedan adaptarse a las necesidades de hoy y de mañana. Porque, en un entorno en constante transformación, la capacidad de evolucionar de manera sostenible será tan importante como la tecnología que las organizaciones decidan implementar.

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