Corporativo

«En cuatro años habrá iniciativas maduras»: la realidad sobre proyectos de inteligencia artificial en Chile y Latinoamérica

La inteligencia artificial (IA) es la tecnología más importante de la década, marcando la pauta no solo en empresas y organizaciones del rubro, sino también en los países que miran a esta innovación como el motor de sus economías. Sin embargo, en relación a Latinoamérica y específicamente a Chile, todavía se asocia el potencial de la IA casi exclusivamente a los modelos de lenguaje como ChatGPT o Gemini, herramientas que son parte del uso diario de las personas para diversas tareas. 

«Algunas compañías creen que usar IA es contar con herramientas generativas. Al contrario, para el uso corporativo se requieren capacidades más avanzadas como analítica de datos, uso de unidades de procesamiento gráfico (GPU) y una estrategia de modernización que transforme la infraestructura en el motor de resiliencia del negocio. Por esa razón, el mercado latinoamericano se encuentra rezagado: con la mayoría de sus iniciativas avanzadas de IA en etapas piloto», explica Jaime Castro, Hybrid Cloud Practices Manager de Coasin Logicalis.

Uno de los fundamentos de este rezago tiene que ver con el alto costo de implementación y escalabilidad en la nube. «Los modelos basados en tokens en las nubes públicas son caros, impidiendo que muchas iniciativas superen la fase piloto. Para escalar, la apuesta es la utilización de infraestructura local o nubes privadas mediante alianzas de hardware, lo que reduce costos y potencia la soberanía de los datos», recalca Castro. 

Asimismo, la infraestructura física es vital, ya que la IA requiere servidores con mayor densidad, refrigeración líquida y un consumo eléctrico mayor. En ese sentido, Chile enfrenta dos desafíos: descentralizar los centros de datos, concentrados en la Región Metropolitana, y ajustar su matriz energética para capitalizar la energía verde. 

Castro sostiene que la integración de energías limpias en Chile se ve como tarea pendiente por restricciones en la capacidad de transmisión y de almacenamiento, derivadas de compromisos contractuales con fuentes energéticas convencionales. Ante este escenario, indica que se está avanzando en la incorporación de sistemas de baterías destinados a conservar dicho recurso y optimizar su aprovechamiento.

Certidumbre jurídica y escasez de memorias

Los desafíos son variados, pero en palabras de Castro, la proyección es interesante. «Se estima que este año es el inicio de iniciativas de IA más serias en industrias clave como la minería, la banca y la energía, con una proyección de consolidación productiva de los próximos tres a cuatro años».

En ese sentido, la escasez de componentes y de capital humano es una tarea en proceso. «La explosión de infraestructura para IA absorbió cerca de un 80% de la producción global de memorias. Por lo tanto, existe una escasez global de componentes críticos como procesadores y discos, con proyecciones de estabilización para el periodo 2028-2029. Esta situación es aún más compleja para Latinoamérica, ya que la escala de prioridad es menor en la cadena de suministro frente a los grandes pedidos globales de otros mercados», recalca Castro. 

Finalmente, es urgente avanzar en un marco regulatorio y de permisos para la industria de data center. «Existe un plan nacional de centros de datos con 35 proyectos en desarrollo, de los cuales una parte importante está a la espera de aprobaciones gubernamentales, ambientales y legales. Es agilizar los procesos de aprobación para dar mayor certeza jurídica, permitiendo así que el país pueda responder a las demandas de infraestructura necesarias para la tecnología de IA. De lo contrario, seguiremos en proyectos pilotos, con poca infraestructura y con proyectos estancados en fases pilotos», finaliza Castro.

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