El fuerte avance de la IA continúa generando cambios en el mercado de la computación. Al impacto inicial en la demanda de insumos para la infraestructura de centros de datos que da soporte a esta tecnología, se sumó un alza en los precios de computadores, y, como consecuencia directa, las ventas de estos equipos han caído con fuerza. De acuerdo con datos de IDC, los envíos de PC a nivel global disminuyeron un 20,1% en el tercer trimestre.
Frente a este escenario tan fluctuante, la primera pregunta que muchas empresas y usuarios se hacen es cuándo conviene actualizar su hardware por uno nuevo, o si sigue siendo una alternativa extender su vida útil.
Nuevo hardware o hacer un upgrade ¿Qué camino tomar?
«Hoy, con los precios de computadores en alza por la demanda de insumos para centros de datos de IA, la decisión depende del estado del equipo: si un PC se encuentra al borde de la obsolescencia en todas sus partes, incluyendo CPU y placa madre, lo más conveniente es adquirir uno nuevo. Pero si el equipo cuenta con hardware compatible con las nuevas tecnologías, como por ejemplo SSD NVMe o memoria RAM DDR4 o DDR5, la mejor alternativa es upgradear algunos componentes, lo que por cierto implica una inversión mucho más baja en comparación con adquirir un nuevo equipo», explica Francisco Silva, Country Manager Chile-Perú de Kingston Technology.
Upgrade empresarial ¿Qué tener en cuenta?
A nivel corporativo, para dar el salto a componentes de mayor performance es necesario tomar algunos resguardos especiales, más allá de la compatibilidad. «Fiabilidad, escalabilidad e incluso protección de los datos son elementos extremadamente relevantes y que no pueden ser pasados por alto al evaluar un upgrade a nivel corporativo», agrega el ejecutivo de Kingston Technology.
Otro aspecto a considerar es el sistema operativo. Si junto con el upgrade, la organización también evalúa migrar a Windows 11, la instalación de componentes no puede ser una decisión a la ligera, especialmente en cuanto a requerimientos mínimos del hardware, incluyendo procesador, tarjeta gráfica, almacenamiento disponible y memoria RAM.
«Si bien el mínimo de memoria RAM para Windows 11 es 4GB, la recomendación, debido a las exigencias actuales, es al menos 32GB. En almacenamiento, la exigencia mínima son 64GB, tanto para la instalación como también recibir actualizaciones. Pero tener idealmente una mayor holgura siempre es importante», aclara Francisco Silva.
Performance sostenido en cargas críticas
La incorporación de memoria RAM DDR5 con soporte ECC y SSD NVMe PCIe 4.0/5.0 garantiza un desempeño estable incluso bajo cargas intensivas, como análisis de datos o virtualización. La baja latencia y el mayor ancho de banda permiten que los equipos corporativos respondan con rapidez, evitando cuellos de botella que afectan la productividad.
Inversión estratégica
Optar por un upgrade de SSD y RAM representa una inversión estratégica: extiende la vida útil de los equipos, reduce costos frente a la compra de hardware nuevo y permite a las organizaciones adaptarse a un mercado tecnológico en constante evolución. Confiabilidad, rendimiento y seguridad se convierten en pilares para sostener la competitividad empresarial en un escenario marcado por la transformación digital y la creciente demanda de recursos para IA.
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