Por Christopher Torto, CEO de Ascenty
La inteligencia artificial está cambiando la forma en que pensamos la expansión de la infraestructura digital. Durante años, el principal desafío de los data centers fue acompañar el crecimiento de la demanda por conectividad, nube y almacenamiento de datos. Ahora, además de construir más capacidad, el sector necesita responder una pregunta igualmente importante: cómo sostener esta expansión de manera eficiente y responsable. La energía, la infraestructura eléctrica y las tecnologías de refrigeración dejaron de ser solamente factores operacionales y pasaron a determinar la velocidad con la que la economía digital podrá crecer durante los próximos años.
El crecimiento de las aplicaciones digitales y de la computación en la nube aumenta la demanda por capacidad computacional, mientras que las cargas asociadas a la IA elevan significativamente la densidad de potencia de los entornos de TI. Esto significa que crecer exige más infraestructura y, sobre todo, capacidad para utilizarla de manera eficiente.
En Chile, esta discusión cobra especial relevancia. El país busca consolidarse como un hub tecnológico regional y cuenta con condiciones favorables para el desarrollo de esta industria, como una alta disponibilidad de energías renovables y una extensa infraestructura de conectividad. Al mismo tiempo, el crecimiento proyectado de los data centers plantea desafíos en materia de sostenibilidad y relación con los territorios, que deberán ser considerados desde el diseño de los nuevos proyectos.
En este escenario, la sostenibilidad dejó de ser solo un compromiso ambiental y pasó a integrar la propia estrategia de negocios. La eficiencia energética, el acceso a fuentes renovables y la planificación de la infraestructura eléctrica tienen un impacto directo en la capacidad de los operadores para ampliar sus operaciones y acompañar la evolución de la demanda.
Algunos estándares se vuelven, por lo tanto, cada vez más importantes para el desarrollo del sector. El uso de energía proveniente de fuentes renovables, la búsqueda de la neutralidad de carbono, la medición y reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y la mejora continua de indicadores como el PUE —Power Usage Effectiveness o eficacia en el uso de la energía— deben formar parte de la planificación de una infraestructura digital que crece rápidamente.
El agua es otro recurso que requiere especial atención. Los sistemas de refrigeración de circuito cerrado, capaces de recircular el agua utilizada en el proceso, son particularmente relevantes frente al aumento de la densidad computacional. En un momento en que la expansión de los data centers también genera preguntas respecto del uso de los recursos naturales, la eficiencia hídrica debe incorporarse a los proyectos desde su concepción.
Creo que también es necesario mirar más allá de las propias instalaciones de los data centers. Las estrategias de autoproducción de energía renovable y las inversiones en la infraestructura necesaria para garantizar el suministro eléctrico adquieren mayor importancia a medida que los nuevos proyectos aumentan de escala. Seguridad energética, previsibilidad y sostenibilidad pasan a formar parte de una misma ecuación.
En el territorio nacional, esta ecuación será especialmente importante a medida que aumente la capacidad instalada y lleguen nuevas cargas asociadas a inteligencia artificial. El desafío no será únicamente disponer de energía, sino asegurar que la infraestructura eléctrica pueda acompañar ese crecimiento de manera estable, eficiente y compatible con los objetivos de desarrollo sostenible del país.
Todas estas discusiones se vuelven aún más relevantes con la llegada de una nueva generación de data centers preparados para la inteligencia artificial. Entornos con racks de mayor densidad, nuevas tecnologías de refrigeración, como liquid cooling, y una demanda energética creciente convierten a la eficiencia y la sostenibilidad en elementos centrales de la infraestructura.
Para los clientes, esta ecuación también cambió. Grandes empresas han establecido sus propias metas ambientales y evalúan cada vez más la cadena de proveedores de la que dependen. Al elegir un socio de infraestructura digital, criterios como el origen de la energía, la eficiencia operacional, la gestión del agua y el control de las emisiones pasan a formar parte de la decisión de negocio.
Es justamente por eso que la sostenibilidad dejó de ser una discusión paralela a la operación de los data centers. No es una credencial adicional del negocio, sino una condición básica para su funcionamiento.
Así, entiendo que el desafío del sector durante los próximos años será enorme. Tendremos que ampliar la infraestructura digital necesaria para sostener la inteligencia artificial, la nube y una economía cada vez más conectada sin perder de vista los recursos que hacen posible esa expansión.
Chile tiene la oportunidad de ser protagonista de este crecimiento en América Latina, pero para ello será fundamental que la expansión de la infraestructura digital avance de la mano de la disponibilidad energética, la eficiencia en el uso de los recursos y una planificación de largo plazo.
El desafío no será simplemente construir más data centers. Será garantizar que la infraestructura necesaria para sostener la próxima fase de la transformación digital pueda crecer de manera eficiente, resiliente y preparada para el largo plazo. En última instancia, el futuro de la inteligencia artificial no estará definido solamente por los avances de los algoritmos, sino también por nuestra capacidad para construir la infraestructura que hará posible esa evolución.






