Por Wilson Calderón, Associate Technical Director para Latinoamérica de ManageEngine
Durante años, hablar de transformación digital significó hablar principalmente del avance de la tecnología. Migrar a la nube, automatizar procesos, fortalecer la ciberseguridad y adoptar inteligencia artificial han marcado gran parte de la agenda corporativa. Este progreso ha sido significativo, aunque hoy el desafío también está en la capacidad de convertir estas inversiones en resultados concretos.
Chile ha logrado avances significativos en transformación digital y ha desarrollado una de las bases institucionales y tecnológicas más sólidas de la región. Sin embargo, la próxima etapa requerirá que las organizaciones combinen la modernización tecnológica continua con una mejor ejecución, colaboración, gobernanza y generación de resultados medibles para el negocio.
Los hallazgos del estudio de ManageEngine, titulado The State of Digital Transformation in Latin America 2026, entregan señales de este cambio. En Chile, el 38% de los encuestados señaló la falta de colaboración entre distintas áreas como la principal razón por la que las iniciativas digitales no cumplen con las expectativas, seguida por la escasez de profesionales capacitados, con un 36%.
Estas cifras muestran la creciente importancia de la ejecución tecnológica. Una organización puede adoptar nuevas herramientas y modernizar su infraestructura, pero también necesita que sus equipos compartan prioridades, coordinen sus decisiones y mantengan una comprensión clara de los objetivos que buscan alcanzar.
El estudio destaca un punto particularmente interesante en este ámbito. El 88% de los encuestados de organizaciones chilenas señala que sus líderes de negocio y TI están alineados respecto de las prioridades de transformación digital. Sin embargo, aparecen algunas diferencias al observar decisiones específicas. El 64% de los tomadores de decisiones de TI considera que simplificar y unificar el entorno tecnológico es una prioridad compartida, frente al 42% de los tomadores de decisiones de negocio.
Existe un espacio importante para fortalecer la coordinación entre estas dos perspectivas. Coincidir en la importancia de avanzar en transformación digital es un excelente punto de partida. El siguiente paso es tomar decisiones estratégicas sobre qué tecnología implementar, qué problemas busca resolver y qué resultados espera alcanzar la organización.
La inteligencia artificial hace especialmente visible este desafío. En Chile, el 92% de las organizaciones encuestadas considera que su infraestructura tecnológica está preparada para respaldar iniciativas de IA. Aun así, solo el 17% de los encuestados señala operar en entornos orquestados por IA, mientras que el 55% reconoce dificultades para convertir sus inversiones en inteligencia artificial en retornos medibles.
La adopción de IA requiere una base que permita a las organizaciones incorporar sus capacidades en las operaciones cotidianas. La calidad de los datos, la gobernanza, el talento, la seguridad y la capacidad de vincular los casos de uso con los resultados del negocio forman parte de este proceso. La tecnología puede estar disponible, pero su impacto dependerá de qué tan eficazmente cada organización logre integrarla en su estrategia y sus operaciones.
La próxima etapa de la transformación digital estará marcada por esta capacidad de ejecución. Una mejor integración de los entornos tecnológicos, una colaboración más sólida entre negocio y TI, responsabilidades claras y una mayor vinculación entre las inversiones y objetivos específicos serán fundamentales para seguir avanzando.
Las empresas chilenas han desarrollado nuevas capacidades y continúan demostrando una fuerte ambición digital. El desafío que viene es aprovechar esa base para generar resultados. La tecnología seguirá avanzando rápidamente. Para las organizaciones, la diferencia estará en qué tan preparadas estén para llevar ese progreso a la práctica.





