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Fraude con IA: el desafío de verificar identidades sin perder clientes en el intento

Los reclamos formales por fraude del primer semestre ya equivalen a casi el 70% de todo 2025. En ese contexto, Ionix presentó la nueva versión de Ionix Verify, una plataforma que analiza cómo se construyen los documentos, detecta deepfakes con prueba de vida certificada y permite endurecer o cerrar solo el canal que está siendo atacado.

Validar la identidad de un cliente se volvió un equilibrio delicado: demasiados controles espantan las ventas y muy pocos abren la puerta al fraude. Con la inteligencia artificial elevando la calidad de las falsificaciones, Ionix presentó la nueva versión de Ionix Verify, una solución que combina el análisis forense de cédulas y pasaportes con biometría facial y señales de riesgo digital, y deja en manos de cada empresa decidir cuánto validar según el canal, el proceso y el riesgo. Cómo funciona y qué preguntas deberían hacerse las organizaciones antes de elegir una herramienta.

El desafío ya se mide en los reclamos. Entre enero y junio de 2026, 206.839 casos derivaron en reclamo formal bajo la Ley de Fraudes, cifra equivalente al 69,8% de los reclamos formalizados en todo 2025, según un análisis de Chócale y ExpertsFraud. La suplantación de identidad tiene un peso propio: un informe del Servicio Nacional del Consumidor (SERNAC) que analizó 9.899 reclamos presentados en 2023 clasificó 24,2% en esa categoría, e incluyó casos de cuentas y tarjetas abiertas con copias falsas de la cédula de identidad. «Los delincuentes se profesionalizan cada día más y hoy cuesta detectar estos fraudes incluso al ojo humano», afirma Mario Aranda, director regional de Ionix LATAM.

Ionix Verify incorpora el motor de Regula Forensics, firma con más de 30 años en análisis forense de documentos y reconocida en el Gartner Magic Quadrant for Identity Verification 2025 y 2026. El sistema descompone cada documento y analiza tipografías, espacios, colores, hologramas y otros elementos de seguridad, además de leer sus códigos MRZ y de barras. Según Aranda, Regula trabaja con los fabricantes de documentos y participa en organismos como ICAO, IATA e Interpol, por lo que conoce sus características antes de que lleguen al mercado; su base abarca más de 16.000 plantillas de documentos de más de 190 países, incluidos los chilenos. «La inteligencia artificial se basa en entrenamiento; en nuestro caso, como el análisis es forense, sabemos de antemano las características del documento y aplicamos esas reglas», explica Aranda, quien sostiene que esto reduce la ventana de riesgo cuando aparece un documento nuevo.

El documento, sin embargo, no es la única señal. La plataforma suma biometría facial con prueba de vida, certificada por iBeta bajo la norma ISO/IEC 30107-3 para detectar fotos, videos, máscaras y deepfakes, y contrasta los datos con registros oficiales como el Registro Civil. A eso agrega el análisis del dispositivo —incluida su reputación en un consorcio global de fraude—, la IP y el uso de VPN o redes Tor, el historial del correo y reglas que detectan RUT repetidos o solicitudes masivas. Todas las señales se cruzan en una sola decisión: aprobado, rechazado o revisión manual. Aranda ejemplifica con un correo creado hace una semana en otro país y usado para operar desde Chile: una alerta de riesgo aunque el documento parezca válido. La exigencia también crece por el lado normativo: desde febrero de 2025 las empresas de telecomunicaciones deben verificar la identidad con biometría en trámites como contratar o activar servicios, y el SERNAC advierte que la biometría enfrenta riesgos asociados a deepfakes y filtraciones de datos.

Seguridad a la medida de cada canal y proceso

La principal apuesta de la plataforma es el control por canal. Si una empresa detecta que por su app están entrando más fraudes de lo normal, puede subir la exigencia solo en ese canal —por ejemplo, el umbral de similitud facial— o cerrarlo temporalmente, mientras la web y las sucursales siguen operando con normalidad. El mismo criterio se aplica a cada proceso, según lo que la empresa arriesga en él. En una aseguradora, la contratación de una póliza admite controles más livianos, porque es la compañía la que recibe el dinero; el pago de un siniestro, en cambio, exige el máximo rigor, ya que un suplantador podría cobrar una indemnización que no le corresponde. «Podría ponerme muy estricto y jactarme de tener cero fraude, pero estaría dejando cientos de negocios en la mesa«, advierte Aranda.

Las reglas, umbrales y flujos se modifican desde un dashboard, sin programar ni iniciar un proyecto de desarrollo con el proveedor, y la empresa monitorea aprobaciones, rechazos, sus motivos y la conversión de cada flujo. Opera como SaaS con pago por verificación e integración vía API, y cuenta con certificaciones ISO/IEC 27001 y PCI DSS. La identidad validada, además, puede reutilizarse para autorizar operaciones de alto valor con el rostro, firmar documentos o como factor biométrico en Ionix Trust MFA, otro producto de la compañía. Ionix Verify ya tiene clientes en tres países de América Latina y se aplica en banca, telecomunicaciones, seguros, retail, salud, gobierno y control de acceso, entre otras industrias.

Para el ejecutivo, una organización debería preguntarse si está expuesta a fraude con pérdidas monetarias, a suplantación de identidad con datos o a ingresos masivos difíciles de controlar; si responde que sí a alguna, conviene evaluar una solución de este tipo. «Hoy la mirada tiene que ser más holística: mirar el proceso en conjunto, definir el objetivo final y diseñar un camino que permita minimizar el fraude a cualquier nivel«, concluye Aranda.

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