La inteligencia artificial (IA) dejó de ser una tendencia para convertirse en una infraestructura fundamental. Su presencia es ubicua, y no hay sector ni industria que no esté evaluando su incorporación en alguna dimensión crítica de su operación. Las cadenas de suministro y la logística global no son la excepción; de hecho, se presentan como campos de aplicación prioritarios, dada la criticidad de sus labores para el abastecimiento, la estabilidad económica de los países y la satisfacción del consumidor final.
En ese sentido, a la IA también se suma la robótica y la automatización avanzada. Estas herramientas se han vuelto cada vez más esenciales para que las empresas prosperen ágilmente a un entorno macroeconómico incierto, marcado por la volatilidad arancelaria, las fluctuaciones en las tasas de interés, los conflictos geopolíticos, la impredecible confianza del consumidor y la creciente preocupación por el desempleo causado por la automatización misma.
«Frente a un entorno económico global impredecible, las herramientas tecnológicas como la IA y la robótica ya no son meros complementos, sino inversiones estratégicas críticas. Más aún, son los pilares para lograr la agilidad necesaria, la resiliencia operativa y una ventaja competitiva sostenible», menciona Ignacio Orellana Soto-Aguilar, CEO de Sistemo.
La magnitud de esta transformación está documentada. Según el informe anual de MHI y Deloitte «Reconfigurando el Futuro«, la IA se considera la tecnología más disruptiva de la próxima década. Una cuarta parte de los encuestados (24%) la clasifica como transformadora y casi la mitad (48%) considera que su impacto disruptivo es significativo o mayor. Por su parte, la robótica y la automatización le siguen como la segunda tecnología más disruptiva, con un 39% que califica su impacto como significativo o mayor.
¿Y los retos no tecnológicos?
El consenso en el sector logístico respecto a los potenciales impactos positivos es prácticamente total. Sin embargo, existen obstáculos que ralentizan la adopción. En el caso de la IA, hablamos de la elaboración de un caso de negocio claro (20%); la falta de comprensión (19%); y la falta de talento adecuado (12%). En relación a la robótica y la automatización, el principal y más recurrente obstáculo son las limitaciones presupuestarias iniciales y la necesidad de una inversión de capital considerable (CAPEX).
«Sin duda, hablamos de tecnologías capaces de revolucionar la toma de decisiones y ayudar a abordar los persistentes desafíos laborales. No obstante, el ritmo de progreso se ve perjudicado por desafíos no tecnológicos: brechas de conocimiento, la obtención de inversión y la capacitación de los equipos. Por ende, para capitalizar el potencial de estas herramientas, los líderes deben generar consenso, clarificar el retorno de la inversión (ROI) y alinear la adopción tecnológica con la estrategia empresarial», sentencia Orellana.
Sin innovación, las empresas pueden enfrentarse a puntos ciegos más profundos, respuestas más lentas y una mayor vulnerabilidad a las crisis financieras y operativas. En cambio, las organizaciones que integran IA y robótica en un modelo operativo unificado y ágil no solo resisten la disrupción, sino que la usan para mejorar continuamente. Esto impulsa a la fuerza laboral a tareas de mayor valor, transformando la complejidad operativa en un crecimiento rentable y rendimiento sostenido a largo plazo.






