Cuando un trabajador experimentado se retira de una planta, la empresa puede perder conocimientos que nunca llegaron a un manual: cómo interpretar una alarma, reconocer una anomalía o resolver un problema sin detener la producción. Para Kim Custeau, vicepresidenta ejecutiva de Gestión de Portafolio de AVEVA, preservar y compartir esa experiencia debe formar parte de la estrategia de continuidad de las organizaciones industriales.
El desafío también tiene una dimensión regional. La CEPAL estima que la población de 60 años o más en América Latina y el Caribe pasará de 92 millones en 2023 a 115 millones en 2030. Se trata de una tendencia demográfica, no de una proyección de jubilaciones industriales, pero refuerza la necesidad de planificar la transferencia de conocimientos. Al mismo tiempo, un análisis del BID sobre vacantes en 15 países encontró que la proporción que solicita competencias digitales y tecnológicas creció del 16% al 19% en tres años.
Las economías industriales están perdiendo conocimientos especializados ante el éxodo masivo de trabajadores de la generación del «baby boom» que se jubilan. Se prevé que la fuerza laboral de Estados Unidos se reduzca en 5,9 millones de trabajadores para el año 2030, lo que equivale a un descenso del 3,7%. En 2023, la UE contaba con cerca de 40 millones de trabajadores de 55 años o más, frente a los 23,8 millones de 2010.
La tendencia se refleja en sectores de todo el mundo, desde las compañías eléctricas hasta la manufactura y la industria química.
Según Custeau, la IA industrial puede contribuir a esa transición cuando se utiliza para organizar historiales operativos, relacionar datos de ingeniería y activos, y poner información contextualizada al alcance de quienes toman decisiones. Un asistente de IA, por ejemplo, puede ayudar a un técnico a consultar procedimientos y antecedentes de una instalación; el diagnóstico y la decisión deben permanecer bajo supervisión humana.
«La experiencia sigue siendo un activo valioso en la industria y uno de los elementos más difíciles de reemplazar, en un momento en que los sectores industriales deben desenvolverse cada vez más en un mundo que se reconoce como no lineal, acelerado, volátil e interconectado. En este contexto tan dinámico, el futuro de la industria reside en escalar la inteligencia industrial, donde el criterio humano y el conocimiento especializado se combinan con las capacidades de la IA para analizar datos, extraer información clave y facilitar la toma de decisiones oportunas», afirma Custeau.
Para AVEVA, el punto de partida es contar con datos confiables y conectados, documentar el contexto de las decisiones operativas e involucrar a los trabajadores en la adopción de estas herramientas. Así, la IA puede apoyar tanto la continuidad de las operaciones como la formación de los equipos que las sostendrán en los próximos años.






