Por Ángel Bustamante, VP de Graphic Communications de Ricoh LATAM
Las organizaciones han ampliado sus políticas de seguridad para responder a una infraestructura tecnológica cada vez más distribuida. Hoy es habitual hablar de protección de endpoints, identidades, aplicaciones en la nube y datos. Sin embargo, existe un componente conectado a esa misma infraestructura que con frecuencia recibe menos atención: la impresión.
El Print Security Landscape 2026 de Quocirca encontró que el 80% de las organizaciones consultadas todavía depende de la impresión para sostener parte de sus operaciones, pero solo el 31% identifica la infraestructura de impresión de oficina entre sus principales riesgos de seguridad. El estudio encuestó a 400 responsables de TI en Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania, por lo que sus cifras sirven como referencia de esos mercados y no como una fotografía de América Latina.
Más allá de la geografía, la contradicción merece atención: una tecnología puede seguir siendo crítica para el negocio y, al mismo tiempo, quedar fuera de algunas de las prácticas de gestión que la organización ya aplica a otros activos conectados.
Desde mi perspectiva, ese es el verdadero problema. El desafío no consiste únicamente en contar con impresoras que incorporen funciones de seguridad, sino en mantener protegida toda la infraestructura de impresión a medida que cambian los equipos, los usuarios, las configuraciones y las políticas de la empresa.
Seguridad de impresión: por qué una impresora también es un endpoint
Una impresora moderna procesa contratos, información financiera, documentos internos y datos personales. Puede almacenar información, conectarse con servidores y aplicaciones, utilizar directorios de identidad y formar parte de flujos documentales que atraviesan distintas áreas. Por eso, administrarla únicamente desde la lógica de disponibilidad, mantenimiento y consumibles resulta insuficiente.
Quocirca encontró que el 67% de las organizaciones encuestadas experimentó al menos una pérdida de datos relacionada con impresión durante el último año, frente al 56% registrado en 2025. El dato no significa que la impresión deba convertirse en el nuevo centro de la estrategia de ciberseguridad. La implicación es más práctica: si un dispositivo procesa información sensible y está conectado a la infraestructura corporativa, debería formar parte de las políticas tecnológicas y de seguridad que ya existen.
Esto implica considerar autenticación y control de acceso, protección de documentos, actualización de firmware, configuración y seguimiento como parte de una misma disciplina de gestión.
Por qué la seguridad de impresión debe mantenerse en el tiempo
En nuestras conversaciones con clientes de Ricoh LATAM hemos observado que uno de los mayores desafíos no necesariamente está en la configuración inicial. Una organización puede establecer correctamente sus políticas de acceso y actualizar sus equipos, pero después llegan los cambios.
Se incorporan usuarios, cambian los directorios de identidad, se actualizan plataformas, aparecen nuevas versiones de firmware y una adquisición puede sumar dispositivos de otros fabricantes. Poco a poco, la configuración real puede comenzar a alejarse de la política aprobada originalmente.
Por eso considero que una pregunta relevante no es solo «¿esta impresora tiene funciones de seguridad?», sino «¿sabemos si esas funciones siguen configuradas y actualizadas como deberían seis meses después?».
En América Latina ya existen señales que hacen especialmente pertinente esta conversación. México ofrece un ejemplo: el Digital Trust Insights 2026 de PwC reportó que el 86% de las organizaciones consultadas prevé aumentar su inversión en ciberseguridad durante 2026, mientras que 46% señaló la seguridad en la nube entre sus prioridades.
La implicación va más allá de cuánto se invierte. Si una empresa está revisando cómo protege identidades, accesos, datos y entornos conectados, vale la pena preguntarse si la infraestructura de impresión está incluida en esa misma conversación.
Seguridad en flotas multivendor: el desafío de mantener políticas consistentes
Pocas organizaciones construyen su infraestructura de impresión desde cero. Las flotas evolucionan durante años: conviven dispositivos nuevos y antiguos, diferentes fabricantes, oficinas remotas y contratos implementados en distintos momentos.
Cuando cada dispositivo requiere distintas formas de supervisión, actualización o configuración, mantener una política común se vuelve más difícil. Desde nuestra experiencia en la región, ahí es donde la visibilidad adquiere un valor especial: conocer qué equipos están conectados, cómo están configurados, qué versiones utilizan y dónde existen desviaciones que requieren atención.
Quocirca reconoció a Ricoh dentro del grupo de líderes de su Print Security 2026 Vendor Assessment y destacó capacidades relacionadas con servicios gestionados de impresión (MPS), evaluación y remediación, así como visibilidad de flotas independiente del fabricante.
Ese reconocimiento es relevante, pero la discusión más importante está en el modelo que representa. La seguridad de impresión necesita pasar de reaccionar ante configuraciones desactualizadas a mantenerlas bajo observación de manera continua.
Esa misma lógica está presente en el portafolio de impresión de Ricoh. Nuestras impresoras multifuncionales, comerciales e industriales están concebidas para integrarse a los entornos tecnológicos de las organizaciones y permitir que aspectos como el acceso, la configuración y la protección de la información formen parte de una gestión más amplia de la infraestructura.
Para nosotros, la seguridad de estos dispositivos no debe entenderse como una función aislada ni como una configuración que se realiza una sola vez. Nuestro enfoque busca acompañar a las organizaciones en la gestión de sus equipos de impresión, sus configuraciones, el acceso, los documentos y la continuidad de los controles que los protegen, en coordinación con las políticas que la empresa aplica al resto de su infraestructura.
Al final, una infraestructura de impresión segura no es únicamente la que incorpora mecanismos de protección, sino aquella cuya seguridad puede mantenerse, supervisarse y evolucionar al mismo ritmo que el negocio.






